Esta página nació, básicamente, porque si no escribo lo que me pasa por la cabeza, siento que se me pierde en el olvido. No busco likes, ni aplausos, ni armar una audiencia. Es un impulso más viejo: el de dejar registro.
Pero como me cuesta horrores contarme como una sola persona ordenada, terminĂ© convirtiendo el sitio en una especie de red social privada donde conviven mis diferentes versiones. Al final del dĂa, todos somos un montĂłn de tipos adentro de un mismo cuerpo. AsĂ que les di un usuario a cada uno de mis "yo" para que no se pisen al hablar:
@yair.lector: Mi versiĂłn más silenciosa. Es el que se encarga de los Libros. En 2025 me agarrĂł una obsesiĂłn medio loca y me propuse leer 100 libros en un año. Lo cumplĂ, y acá voy dejando las notas y los autores que me partieron la cabeza.
@yair.proyectos: El que no puede parar de construir. Es la bitácora de las cosas que emprendo. Vas a encontrar de todo: desde los delirios que terminaron en la nada hasta las empresas independientes que, por esas carambolas de la vida, hoy funcionan a nivel internacional.
@yair.lab: El que mete mano en el cĂłdigo. Mi rincĂłn de experimentos, pruebas con Inteligencia Artificial y tecnologĂas raras que me pongo a armar el fin de semana. Muchas veces son cosas que todavĂa no entiendo bien para quĂ© inventĂ©, pero necesitaba verlas andar.
@yair.about: Yo en pantuflas. Mi diario más suelto, con mis humores cambiantes, mis contradicciones y mis dudas. Si querés saber quién soy cuando no estoy delirando ideas nuevas, es por acá, porque no sé contarme mejor que a través de lo que escribo.
Un poco sobre mĂ
NacĂ en Buenos Aires, pero desde chico tuve la sospecha de que las estructuras eran un poco más flexibles de lo que te explican en el colegio. Toco el piano, me gusta dibujar, navego cuando el mar se deja y programo bastante menos de lo que me gustarĂa. En el agua aprendĂ algo básico: al viento no se lo domina, se lo acompaña. Con la tecnologĂa me pasa lo mismo: si no armás tus propias herramientas, terminás navegando a la deriva de lo que deciden otros.
El truco de las Páginas Amarillas (1999)
A los quince años, mientras mis compañeros de secundaria juntaban plata para el viaje de egresados, yo andaba obsesionado con una geometrĂa que nadie entendĂa. Me comprĂ© unas cámaras analĂłgicas raras, les acoplĂ© unos lentes de ojo de pez y me puse a coser imágenes digitalmente para armar fotos en 360 grados. Era 1999. Google Street View no estaba ni en los planes de Silicon Valley.
Con esa tecnologĂa prehistĂłrica bajo el brazo, llamĂ© a las oficinas de las Páginas Amarillas corporativas. CambiĂ© la voz para sonar como un proveedor serio y les vendĂ recorridos virtuales para su guĂa. Cuando lleguĂ© a las oficinas a entregar el material y vieron que el "director tecnolĂłgico" de la empresa era un pibe de quince años con acnĂ© y uniforme del colegio, se armĂł un silencio que se volviĂł a repetir con el tiempo. AhĂ me di cuenta de que si entendĂ©s la arquitectura del mundo por dentro, podĂ©s hackear la realidad.
El escolta del casino (Mississippi a los 17)
A los diecisiete decidĂ que Buenos Aires me quedaba chica y querĂa ver cĂłmo era el mundo. ArmĂ© una valija sola, falsifiquĂ© un poco de madurez y aterricĂ© en Biloxi, Mississippi, para trabajar en el Beau Rivage Resort, un hotel casino colosal. Como en Estados Unidos los menores de veintiĂşn años no pueden pisar las zonas de juego, todas las mañanas se repetĂa la misma escena ridĂcula: dos tipos gigantescos de seguridad del casino me tenĂan que escoltar formalmente por las alfombras rojas, entre las máquinas tragamonedas y las mesas de blackjack, para que el "niño" pudiera llegar a su puesto en el restaurante sin romper las leyes federales. Esa disonancia —ser un chico esquivando apuestas en el sur profundo de NorteamĂ©rica— me obligĂł a absorber un estándar de rigor que no sabĂa que existĂa.
El nĂłmade sin mapa
A mitad de la carrera de AdministraciĂłn mirĂ© el pizarrĂłn y sentĂ que los libros iban en cámara lenta. Yo tenĂa una urgencia fĂsica, casi biolĂłgica, por construir cosas en la calle. DejĂ© la facultad y me dediquĂ© a viajar por el mundo solo. Cruzar continentes enteros sin mapa, aprender a leer los humores de fronteras desconocidas y sobrevivir en idiomas que no hablaba me dio la verdadera carrera. El nomadismo no fue una vacaciĂłn, fue mi escuela. Cuando aprendĂ©s a descifrar una cultura extraña en una terminal de trenes a las tres de la mañana, analizar un mercado nuevo o una idea de negocio se aprende a ver con otros ojos.
Desde entonces, pasé las últimas dos décadas inventando empresas.
Las criaturas que armé (y que sobrevivieron)
No miro la tecnologĂa como un fin para colgarme medallas, sino como una prĂłtesis para solucionar problemas humanos concretos. En este viaje de prueba y error, salieron algunas cosas interesantes:
11:11 Private Foundry: Mi proyecto actual. Imaginate Y Combinator, pero automatizado. Armamos un laboratorio donde los agentes de Inteligencia Artificial no son herramientas para escribir mails, sino socios operativos que simulan mercados, corren modelos financieros y gestionan la toma de decisiones para lanzar nuevas empresas.
Lili.social: Un puente en Miami. Diseñé una plataforma de impacto pĂşblico que conecta algoritmos de sincronizaciĂłn cognitiva con gobiernos municipales para que vecinos voluntarios ayuden a los adultos mayores en su dĂa a dĂa. Es mi forma de usar el cĂłdigo para combatir la soledad.
Rantir: Arquitectura masiva en Estados Unidos. Fui cofundador y me encarguĂ© de la ingenierĂa. Escalamos bastante y terminamos manejando la infraestructura de datos de corporaciones que facturaban más de $140 millones de dĂłlares. Durante nuestro proceso, ayudamos a que nuestros clientes levantaran más de $2 Billones (Billion) de dĂłlares en financiamiento.
Albert Digital Model Agency: En 2018, años antes de que la IA generativa fuera una moda de LinkedIn, me puse a experimentar con diseño textil en 3D y creé una de las primeras agencias de influencers virtuales de la región. Fue un delirio visual tan avanzado que los directores de marketing de Adidas nos vinieron a buscar para pautar comerciales.
Este sitio está vivo, cambia según el "yo" que se siente a escribir y nunca se queda quieto en el mismo lugar.
Gracias por pasar a mirar este caos. Quedate lo que quieras.